A veces no soy todo lo valiente que me gustaría… y eso también está bien

Muchas veces, mi instinto me traslada una imagen o me evoca unas emociones y allá voy yo. Con fe ciega en esas vibraciones y en lo que me quieren enseñar.

Sin embargo, otras veces NO es así. Lidio con mi mente y mis emociones y hago exactamente lo contrario de lo sano… doy vueltas y vueltas y analizo pros, contras… y eso me paraliza.

Entonces, cuando me descubro como un hámster en su rueda, respiro, pongo la mano en mi pecho y me digo: “ok, yo también soy humana y estoy haciéndolo lo mejor que sé con las herramientas que dispongo”. Y vuelvo a respirar para trasladarle a cada célula de mi cuerpo un mensaje de amor y compasión.  Porque es cierto, solo soy humana y aunque me gustaría ser ‘indestructible’ a veces no lo consigo.

Más auto-compasión por favor!, en grandes dosis...

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Creo que esta frase de San Agustín resume a la perfección la Maestría de vivir. Distinguir aquellas situaciones en las que debo hacer acopio de mi fortaleza interna para sobrellevarlas de aquellas que dependen enteramente de mí es todo un desafío.


Hace poco, en una charla comenté esta idea y alguien me miró muy desconfiado y me dijo que eso no era así. Que todo dependía de nosotros y que si superábamos la lección, ya estaba. Hace tiempo yo pensaba igual. Por suerte la vida me trajo dos experiencias muy difíciles para demostrarme que estaba totalmente equivocada.


La vida me trajo humildad y me hizo agachar la cabeza y decir: ‘Ok, no lo sé todo… tú mandas.’ Fue duro, muy duro, pero hoy sé que era necesario… Lamentablemente, no hubiese comprendido la lección de otra forma...

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He asistido a un sinnúmero de talleres, cursos, sesiones y formaciones. Materias tan variadas como constelaciones familiares, meditación, mindfulness, aromaterapia, nutrición, flores de Bach, reflexología, masaje metamórfico, masaje Ayurveda, regresiones, cábala, astrología…. Todo me HA SERVIDO y todo me HA AYUDADO y me ha dado pistas en mi caminar.


Sin embargo, una vez transitado todo ese camino me siento con la emergente necesidad de gritar que nada es la panacea. Ninguna terapia funciona como una pastilla milagrosa que despertará por siempre tus sentidos dormidos y te colocará ya en la senda correcta y segura.


He descubierto que estar bien requiere trabajo diario y constante...

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